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OBRAS DE MISERICORDIA

OBRAS DE MISERICORDIA CORPORALES:
1. Dar de comer al hambriento

Se refiere a la ayuda que podemos dar en alimento o en dinero a los necesitados. De hecho, en nuestra sociedad hay mucha más gente de la que pensamos que pasa hambre.Más de la quinta parte de los seres humanos sufre problemas graves de desnutrición. Quizá no podamos remediar de golpe el hambre de millones de hermanos nuestros –aunque nos esforcemos por erradicar esta lacra-, pero sí que podemos colaborar con la parroquia, el comedor de Cáritas, el centro de acogida que conocemos y otras iniciativas similares. Es cuestión de ver a Cristo en ellas y compartir el pan de cada día que Dios nos da.
2. Dar de beber al sediento:

Los bienes que poseemos nos vienen de Dios. Y debemos responder a Dios por éstos y por el uso que les hayamos dado. Dios nos exigirá de acuerdo a lo que nos ha dado: Parábola de los Talentos (Mt. 25,14-30). “A quien mucho se le da, mucho se le exigirá (Lc. 12, 48). Esta exigencia se refiere tanto a lo espiritual, como a lo material. En el mundo, más mil millones de personas no tienen acceso al agua potable, y más del doble, cerca de dos mil millones y medio, carecen de cuarto de baño y alcantarillado. Deberíamos ser más sobrios con el agua, y deberíamos colaborar más con organizaciones que intentan paliar estas lacras, que tanto nos sonrojan y que despiertan en nosotros deseos de ayudar a tanta gente que no tiene lo que tenemos cualquiera de nosotros.
3. Dar posada al necesitado:

En la antigüedad el dar posada a los viajeros era un asunto de vida o muerte, por lo complicado y arriesgado de las travesías. No es el caso hoy en día. Pero, aún así, podría tocarnos recibir a alguien en nuestra casa, no por pura hospitalidad de amistad o familia, sino por alguna verdadera necesidad. Y no sabemos a quién ayudamos. Algunos han ayudado a Ángeles bajo formas humanas: A Abraham y Lot les sucedió esto. Esto lo recuerda posteriormente San Pablo: “No dejen de practicar la hospitalidad, pues algunos dieron alojamiento a Ángeles sin saberlo”. (Hb. 13, 2)
4. vestir al desnudo

Esta obra de misericordia se nos facilita con las recolecciones de ropa que se hacen en Parroquias y otros centros de recolección. Recordar que, aunque demos ropa usada, no es dar lo que está ya como para tirar o para convertir en trapos de limpieza. En esto también podemos dar de lo que nos sobra o ya no nos sirve, pero también podemos dar de lo que aún es útil.
5. Visitar al enfermo

No se trata de visitas sociales, por cumplir. Se trata de una verdadera atención a los enfermos y ancianos, tanto en cuidado físico, como en compañía. Y la atención más importante en casos de vejez y enfermedades graves es la atención a nuestros familiares. El mejor ejemplo de la Sagrada Escritura es el de la Parábola del Buen Samaritano, que curó al herido y, al no poder continuar ocupándose directamente, confió los cuidados que necesitaba a otro a quien le ofreció pagarle. (ver Lc. 10, 30-37)
6. Visitar a los presos

Esto implica visitar a los presos y darles ayuda material y muy especialmente, asistencia espiritual (para ayudarlos a enmendarse y ser personas útiles y de bien, cuando terminen el tiempo asignado por la justicia). Significa también rescatar a los inocentes y secuestrados. En la antigüedad los cristianos pagaban para liberar esclavos o se cambiaban por prisioneros inocentes.
7. Enterrar a los muertos

El más famoso muerto enterrado y en una tumba que no era propia fue el mismo Jesucristo. José de Arimatea facilitó una tumba de su propiedad para el Señor. Pero no sólo eso, sino que tuvo que tener valor para presentarse a Pilato y pedir el cuerpo de Jesús. Y también participó Nicodemo, quien ayudó a sepultarlo. (Jn. 19, 38-42) Esto de enterrar a los muertos parece un mandato superfluo, porque –de hecho- todos son enterrados. Pero, por ejemplo, en tiempo de guerra, puede ser un mandato muy exigente. En Venezuela hay la foto que dio vuelta al mundo, pues ganó un Premio Pulitzer, de un Sacerdote, bien identificado con sotana, en medio de un tiroteo en Puerto Cabello en los años ’60, sosteniendo un soldado casi muerto ya.
OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES:
1. Enseñar al que no sabe

Consiste en enseñar al ignorante sobre temas religiosos o sobre cualquier otra cosa de utilidad. Esta enseñanza puede ser a través de escritos o de palabra, por cualquier medio de comunicación o directamente. A lo mejor es preferible que te dejes enseñar. Esto también es obra de misericordia: saber escuchar y agradecer lo que has aprendido. Todos necesitamos aprender unos de otros, incluso el profesor del alumno, el padre del hijo, y el empresario del obrero. “Quien instruye a muchos para que sean justos, brillarán como estrellas en el firmamento”.
2. Dar buen consejo al que lo necesita

Aquí es bueno destacar que el consejo debe ser ofrecido, no forzado. Y, la mayoría de las veces es preferible esperar que el consejo sea requerido. Asimismo, quien pretenda dar un buen consejo debe, primeramente, estar en sintonía con Dios. Sólo así su consejo podrá ser bueno. No se trata de dar opiniones personales, sino de veras aconsejar bien al necesitado de guía. Curso 2012/13 “Los guías espirituales brillarán como resplandor del firmamento”.
3. Corregir al que se equivoca

No se trata de estar corrigiendo cualquier tipo de error. Esta obra se refiere sobre todo al pecado. Otra manera de formular esta Obra de Misericordia es así: Corregir al pecador. Es de suma importancia seguir los pasos de la corrección fraterna que Jesús nos dejó muy bien descritos: “Si tu hermano ha pecado, vete a hablar con él a solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma contigo una o dos personas más, de modo que el caso se decida por la palabra de dos o tres testigos. Si se niega a escucharlos, informa a la asamblea (o a los superiores)”. (Mt. 19, 15-17) Debemos corregir a nuestro prójimo con mansedumbre y suma consideración. Una corrección ruda puede tener el efecto contrario. No podemos convertirnos en gendarmes de la gente; es decir en estar pendientes de todo lo que haga la gente. Sin embargo, corregir al errado en fe y moral es un consejo del Señor. Así termina el Apóstol Santiago su Carta: “Sepan esto: el que endereza a un pecador de su mal camino, salvará su alma de la muerte y consigue el perdón de muchos pecados”.
4. Perdonar las injurias

“Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”,es un punto del Padre Nuestro, que el Señor aclara un poco más en San Mateo, al final del Padre Nuestro (Mt. 6, 14-15). Perdonar las ofensas significa que no buscamos vengarnos, ni tampoco conservamos resentimiento al respecto. Significa tratar a quien nos ha ofendido de manera amable. No significa que tenemos que renovar una antigua amistad, sino llegar a un trato aceptable. El mejor ejemplo de perdón en el Antiguo Testamento es el de José, que perdonó a sus hermanos el que hubieran tratado de matarlo y luego hayan decidido venderlo. Y el mayor perdón del Nuevo Testamento:“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. (Lc. 23, 34).
5. Consolar al triste

El consuelo para el triste o deprimido se asemeja al cuidado de un enfermo. Y es muy necesario, pues las palabras de consuelo en la aflicción pueden ser determinantes. Aquí pueden entrar la atención a los ancianos, que tanto nos han dado y que en su vejez requieren que alguien les oiga, les hable, les distraiga.
6. Sufrir con paciencia los defectos de los demás

La tolerancia y la paciencia ante los defectos ajenos es virtud y es una obra de misericordia. Sin embargo, hay un consejo muy útil: cuando el soportar esos defectos causa más daño que bien, no se debe ser tolerante. Con mucha caridad y suavidad, debe hacerse la advertencia.
7. Orar por vivos y difuntos

La oración por los demás, estén vivos y muertos, es una obra buena. San Pablo recomienda orar por todos, sin distinción, también por gobernantes y personas de responsabilidad, pues “El quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. ( 1 Tim 2, 2-3). Los difuntos que están en el Purgatorio dependen de nuestras oraciones. Es una buena obra rezar por éstos para que sean libres de sus pecados. (2 Mac. 12, 46)
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